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Lección de Ciencias en casa de la tía Toribia

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En el acto reflejo - según mi profesor de Ciencias Naturales allá por la mitad del primer bachiller - cualquier estímulo exterior provoca un mensaje trasmitido por los nervios hasta la médula y ésta responde con otro mensaje que da lugar a la reacción. No es así en el voluntario, en el que esa información sigue de la médula al cerebro, donde éste se enreda en disquisiciones de que si de esta forma o de esta otra y cuando lo decide, si es que lo hace, tarda un rosario en comunicar qué respuesta dar. Por lo menos eso le pasa al mío.

Por otra parte, según los dibujos de la  enciclopedia Álvarez de segundo grado, allá por los tiempos de D. Honorio y Dña. Rosa y también de D. Cecilio - recordad que potencia por su brazo es igual a resistencia por el suyo - en la palanca de tercera clase, lo que tienes en la mano y quieres mover sería lo que hace de resistencia, el codo sería el punto de apoyo y el bíceps, por supuesto, la potencia.

Y según…

Desde luego…, la ley de la gravedad la experimentamos todos por lo que no vamos a explicarla. Aun así para los del alzheimer vamos a exponerla:

 

Le contó Mila a mi madre que ella de pequeña era muy remilgada, delicada y escrupulosa, algo nada frecuente en el primer tercio del siglo XX. Había sido mimada y consentida (Nosotros ya no la conocimos así).

Al día siguiente de casarse con Orio (1), su ahora tía, Toribia, en casa de la cual habían pasado la noche, pues para empezar a caerla bien, la buena mujer, le hace con mucha ilusión y mucho cariño un tazón de delicioso chocolate para desayunar.

¡Todo un lujo!, en aquellos tiempos.

La joven chica se levanta y encantada se pone a desayunar, pero a la niñata pícara y desagradecida le viene la chispa y bien porque era verdad, bien para ponerse por encima de la tía - para “pincharla”, decía Mila - empieza a ponerle “peros”.

- ¡Si el chocolate está frío! 

… La buena de Toribia se queda un poco perpleja; no es capaz ni de pensar qué es lo que quiere esta presuntuosa, maleducada y malcriada moza. ¿Si acaba de hacerlo como va a estar frío?.

Toribia mete el dedo índice en la taza, lo saca y chupa.

- ¡Zas!

Pues eso…, acabamos de ver el  estímulo. Como una bala sale el mensaje en dirección al cerebro de Mila, pero en cuanto su médula lo intercepta, no lo deja pasar y devuelve la respuesta a más velocidad si cabe (hasta aquí fácil: Acto reflejo para los que somos de la enciclopedia citada, pero para los jóvenes de hoy esto se llama movimiento balístico. ¿Por qué será?). Entonces se pone a funcionar la palanca de tercer género: los flácidos bíceps de la malcriada y escrupulosa moza se contraen en una fuerte potencia desatada y con el punto de apoyo en los codos y hombros se dispara la resistencia hacia arriba, haciendo volar, sin alas, una plancha de chocolate hacia la cara de la tía Toribia, que aparece ahora de un tono marrón claro brillante con goterones juguetones y saltarines del mismo color. Vamos, como la cobertura de chocolate de una tarta. Y a partir de aquí es excusado explicar la ley de la gravedad.

……………..

 

 

Le he puesto un poco más de maldad en los calificativos a la moza que en aquel tiempo se considerarían normales y justificados (espero no haberme pasado para su familia. Tanto Mila como Orio y sus hijos fueron magníficos vecinos y muy queridos para nosotros), pero, según mi madre, Mila también lo contaba con mucha picardía y al mismo tiempo arrepentida y con pena. Recordaba que Toribia había sido muy buena tía y mujer.

Que Dios les tenga en la Gloria a todos.

¡Ala, ala! ¡A rezar por ellas!

 

 

(1)   Mila y Orio, padres de Santiago, Florencio (Floro), Pedro (Pedrín) y Miguel Peñacorada. La tía Toribia era hermana de la tía Toña madre de Orio.

La casa de la tía Toribia estaba a lo cimero del pueblo, frente a la casa de Ester y Superio (Esuperio), padres de Luis marido de Maruja “la de Milde”

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